¿Has oído hablar del fenómeno Fixie?

Es una forma diferente de disfrutar en bicicleta. Las bicicletas fixies son una manera pija de llamar a una bicicleta de piñón fijo super-reducida. No es más que eso, la hermana urbana de una bicicleta de velódromo, con cuadro de carreras si posible, piñón fijo y ausencia de frenos. La idea es reducir la bicicleta a su esencia más pura, sin ningún elemento que la distraiga de su función primaria ni de su elegancia: sin desviadores, ni cables, ni manetas de cambio o freno y, evidentemente, sin accesorios como guardabarros, retrovisores o transportines. Un cuadro, dos ruedas, manillar, sillín y fin. Un fenómeno de retorno a los orígenes.

El paraíso de las fixies es San Francisco, donde hay que estar muy loco para tirarse por sus cuestas sin frenos. Para frenar con tan ligerísima montura es necesario piernas, habilidad y mucha sangre fría. Si es una frenada prevista sin contratiempos y con espacio,  tendremos que disminuir el ritmo de pedaleo hasta detenernos gracias al piñón fijo. Pero una frenada imprevista es otra cosa. Hay que bloquear la rueda trasera para poder derrapar y desplazar el peso del cuerpo hacia la rueda delantera, parando el pedaleo bruscamente con las piernas, una auténtica acrobacia. Estas bicis suelen montar, además, un manillar bastante estrecho para poder meterse entre los coches en los atascos y hacer acrobacias.

El piñón fijo y la falta de frenos permiten hacer bastantes acrobacias como pedalear marcha atrás, girar el manillar 180°, equilibrios diversos y, claro está, ligar bastante más que con una bici urbana normal. Por otro lado esta sencillez llevada al extremo evita cualquier mantenimiento o posibilidad de avería.

Lo único extra que puede darse el lujo de tener una fixie sin dejar de serlo son: un freno delantero para los menos locos y un buje mixto (Flip Flop), con piñón fijo en un lado y rueda libre en otro para elegir si fixie o no fixie.

Esta simplicidad de la fixie puede ser una ventaja para ciudades llanas con pocos semáforos pero para terrenos accidentados o donde sea necesario hacer frecuentes paradas se convierte en una penitencia.

Así las cosas, las fixies son, básicamente, una apuesta estética y una filosofía de vida basada en el aprecio por el valor intrínseco de los objetos y el reciclaje. Pero como bici urbana son inseguras y poco prácticas.

Las principales marcas comercializan ya a precios astronómicos sus propios modelos. Es el fenómeno revival: recuperar algo originalmente barato y simple para convertirlo en un artículo caro y exclusivo. No obstante, nosotros mismos podemos montar una fixie por muy poco dinero, ya que se trata de quitar y no de poner, si tenemos una bici vieja de carreras. Basta con bloquear la rueda libre y desmontar desviadores y frenos. Si quisiéramos que tuviera un sólo piñón y un sólo plato (porque nuestra vieja bici tiene más de uno) habrá que encontrar (o comprar donde sea) un buje de piñón fijo e instalar un pedalier de un sólo plato.

Así que no esperes más. Monta tu fixie a medida reciclando material para conseguir una de estas obras de arte sobre ruedas con personalidad exclusiva, pero no te dejes seducir por el esnobismo gastando un dineral en una fixie de marca.